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«Antes del Anochecer», el romance baja a la tierra

“Antes del Anochecer” es la tercera parte de la tortuosa historia de amor narrada por Richard Linklater. Si en las anteriores e igualmente recomendables entregas habíamos visto a Celine (Julie Delpy) y Jesse (Ethan Hawke) vivir en Viena un flechazo imposible (“Antes del Amanecer”) y 10 años después reencontrarse en París para hacer examen conjunto de su infelicidad por separado (“Antes del Atardecer”), esta vez la acción se concentra en un periodo vacacional de ambos en la península griega del Peloponeso.

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La pareja protagonista, convertida ya en familia, afronta una crisis por primera vez ante las cámaras. La maestría con la que tanto director como actores abordan las complejidades de la vida en común, especialmente para dos personalidades  que luchan por no plegarse ante los dictados sociales, resulta desbordante en esta entrega. Rica en detalles y bebiendo de lo cotidiano como acostumbra la saga, “Antes del Anochecer” nos regala nuevas conversaciones de culto con las que cualquier pareja se puede identificar, tanto por el lado más ligero como del recelo y la sospecha.

Esta lucha de los protagonistas por no convertirse en un matrimonio más, sería la temática principal de una historia que, como el propio ser humano, busca los tres pies al gato, la dosis de negatividad que nos permite establecer un equilibrio aún cuando la mayoría de las cosas parecen ir bien. Conceptos como la entrega, el sacrificio, la confianza o la responsabilidad, son términos nuevos en la relación madura de los protagonistas y sobre todos ellos, el guión plantea dudas que, como en el mundo real, no encuentran una solución definitiva.

Eso es precisamente lo que hace la historia tan cercana y encantadora. Lejos del romance hollywoodiense tipo, Linklater trata al espectador como merece, la historia no menosprecia la inteligencia de nadie ni se pierde en la fantasía. Pero tampoco en el drama. Tiene, en definitiva, la misma paleta de claroscuros que una relación real y consigue transmitirla de forma tan emocionante como si al espectador le tocara de cerca. En esto alcanza un peso especial la simbiosis de los actores con la problemática de sus personajes que resulta cada vez más compacta. El espectador, familiar ya con su historia, se ve envuelto en un halo de credibilidad cómplice que no encuentra fisuras.

En el caso de “Antes del anochecer” y sus predecesoras, segundas y terceras partes sí que fueron buenas. Y si nada lo impide, creo que espectadores, actores y director, podemos esperar más de Jesse y Celine cuando ronden los 50. Al menos potencial hay. Eso sí, seremos todos 10 años más viejos.

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